Pensamientos covídicos – Parte 2

En esta ocasión quiero compartir sobre una de las muchas bendiciones que Dios nos ha permitido experimentar durante este tiempo de enfermedad: recibir comida.

El día de mañana me haré un electrocardiograma. El doctor me recomendó realizarlo ya que hay algunos detalles con mi salud que no se han resuelto. Así que sigo experimentando las afectaciones del «bicho», como le decimos al COVID-19.

Hoy quisiera compartir algo que hemos experimentado en este tiempo y que ha causado un gran impacto en nuestras vidas: el recibir bendición de parte de nuestros hermanos en Cristo.

El caldo de pollo

Un día, una hermana que amamos mucho nos llamó y nos dijo que quería traernos comida. Nos trajo un caldo de pollo que, con tan sólo verlo, se nos hacía agua la boca.

No le pude tomar foto al caldo que la hermana nos envío, pero se veía algo así, solo que en rojo… y más rico.

Desafortunadamente, en esos días habíamos perdido bastante del sentido del gusto y del olfato, por lo cual no pudimos experimentar en su totalidad el delicioso sabor de ese platillo. Sin embargo, lo caliente del caldo nos cayó como anillo al dedo.

En esa semana teníamos poco tiempo de haber enfermado, y esa comida nos duró por al menos dos días, lo cual fue bastante. Además, soy un amante del caldo de pollo y, debido a la dieta que stoy llevando, tenía rato de no comerlo. Pero mi nutrióloga me dijo que comiera sin problema, así que lo disfruté muchísimo.

Pollo, melón y naranjas

Otra hermana, la hermana Cristy, nos habló un día domingo diciendo que quería venir a dejarnos comida también. Nos trajo un guisado de pollo con pimiento ¡riquísimo! Además, trajo melón y varias naranjas.

Las naranjas pudimos disfrutarlas como fruta entera, y también como agua. Nos duraron varios días y estaban muy dulces. El melón lo comimos por piezas, pero también lo hicimos en agua para acompañar nuestras comidas.

La cantidad de comida que nos trajo esa hermana fue tanta, que duramos 3 días comiendo de ella. Con eso pudimos ver que el Señor nos estaba bendiciendo, puesto que no teníamos que salir a comprar alimentos y eso nos ayudaba mucho (no es que quisiéramos ir a contagiar personas al supermercado, por ejemplo).

Pollo rostizado, ensalada y panes rellenos de queso

Aproximadamente 1 semana o 10 días después de que las hermanas nos habían enviado comida, otra hermana, la hermana Yoli, me habló y me dijo «estamos enfrente de tu casa». Salí a ver y en el portón nos había dejado una bolsa. Le agradecí a lo lejos (guardando la «sana distancia») y llevé la bolsa a la casa.

Dentro venía un pollo rostizado de los que venden en Sam’s Club, un paquete de ensalada toscana y además unas piezas de pan de tipo hojaldre rellenas de queso.

pollo rostizado sam's club

El famoso pollo de Sam’s Club. A mi papá le gusta muchísimo.

No podíamos creer que la hermana hubiera puesto en su corazón pensar en nosotros y traernos toda esa comida. Conocemos el precio de cada elemento que nos trajo y sabemos que no fue un gasto pequeño.

A pesar de que su familia está pasando por situaciones difíciles también  – puesto que su esposo está enfermo y ella también padeció COVID – ellos dispusieron en su corazón bendecirnos con esa comida.

Algo que causó mucha sorpresa en nuestro corazón, y una acción de gratitud a Dios, es que la ensalada toscana es una de nuestras favoritas, especialmente, de mi mamá. ¿Qué posibilidades había de que la hermana eligiera exactamente ESA ensalada? Ciertamente pudo haber elegido otra, pero nosotros sabemos que es Dios quien está pendiente de cada detalle, y sabemos que parte de Su plan para bendecirnos era comer una ensalada que nos gusta mucho, y que disfrutamos con gran placer.

Sembrar y cosechar

Ahora, antes de escribir las siguientes líneas debo hacer una aclaración: en ningún momento quiero jactarme de ser muy espiritual, mucho menos quiero que se entiendan los siguientes párrafos como si fueran una muestra de orgullo, no es así. Sencillamente quisiera dar gloria a Dios porque Su palabra es verdad, y hemos podido ver el cumplimiento de lo que Él dice.

Sabemos que otros hermanos también han estado enfermos, algunos incluso con COVID-19. Sabemos también que algunos de ellos están pasando por situaciones económicas más difíciles que la nuestra. Con todo, nosotros recibimos la bendición de tener hermanos que se acordaron de nosotros y nos trajeron de comer.

Esto causaba en nosotros una actitud de humildad, puesto que sabemos que otros necesitaban más eso que nosotros recibimos. Sin embargo, recordábamos las palabras del apóstol Pablo:

 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Gálatas 6:7

Todo lo que sembramos, cosechamos. Esta palabra es verdad y damos testimonio de que se cumple. ¿Por qué lo digo? Porque, en su momento, nosotros hemos procurado bendecir a los hermanos cuando han tenido necesidad.

Cuando la hermana Yoli, a quien mencioné anteriormente, enfermó de COVID, se hizo un rol para llevarle comida, puesto que toda la familia estaba convaleciente. Recuerdo que mi madre se esmeró ampliamente en enviarles una buena comida, con plato principal, guarniciones, agua y postre. Y envió para bastantes personas.

Ella siempre ha dicho que a los hermanos debemos darles lo mejor, aunque uno se quede sin comer; y le estoy muy agradecido por esas lecciones de sabiduría. Es por ello que al ver que la hermana nos traía comida, sólo podíamos darle gracias a Dios porque Él pone en el corazón de Sus hijos tanto el querer como el hacer.

Alguno podría decir: «la hermana les envió alimentos porque ustedes le enviaron a su familia«. Sería una forma de ver las cosas, pero para quienes creemos que el Camino de Dios funciona, sabemos que no es así. La ley de la siembra y la cosecha no puede ser burlada: todo lo que hacemos, lo segaremos. ¡Y, en esta ocasión, cosechamos comiendo nuestra ensalada favorita, que traía exactamente el aderezo que tanto nos gusta (mostaza con miel)!

Sembrar, sembrar y sembrar

En muchas ocasiones hemos ayudado en roles de servicio a los hermanos; hemos apoyado con ofrendas para los pobres. Hemos procurado ver por las necesidades otros. Pero, sobre todo, hemos procurado ser fieles con nuestros diezmos y ofrendas. Como he dicho, esto no es una declaración hecha con orgullo; al contrario, es para dar testimonio de que el Camino de Dios funciona. Y sabemos que el bien que hemos hecho, Dios nos lo ha vuelto a pagar.

Nunca es tarde para comenzar a sembrar.

Esto trae a nosotros humildad y no arrogancia, puesto que sabemos que es porque Dios ha dispuesto las cosas así y no porque seamos nosotros quienes hacemos las cosas. Esto nos hace ver que, efectivamente, la Palabra de Dios es viva y eficaz, ¡y que realmente funciona!

¿No es bello esto? El poder ver el cumplimento de lo que Dios dice debe crear corazones humildes, no arrogantes. Nosotros sabemos que no merecemos las bendiciones que hemos recibido, pero éstas han llegado porque Dios no puede negarse a sí mismo, y Su palabra nunca vuelve a Él vacía, sino que hace lo que Él quiere.

Le pedimos a Dios que bendiga a los hermanos que se han acordado de nosotros. Esas bendiciones que nos dieron nos permitieron incluso ahorrar en nuestro gasto de despensa, ¿no es eso maravilloso? Doy fiel testimonio de que, si uno le permite a Dios tener el control sobre sus finanzas, Él se encarga de hacerlas prosperar. Sí, a Dios sí le importa lo que haces con tu dinero… ¿tienes la suficiente confianza en Él para encargarle tus finanzas? Eso es tema para otra entrada pero, por el momento, es parte del testimonio que puedo dar.

Así que, a pesar de que el COVID-19 sigue haciendo notar sus efectos en nuestros cuerpos, damos gracias a Dios que nos permite experimentar la realidad de Su palabra y de Su camino. ¡Te animo a que confíes en Dios!

Fotografía de cabecera por  Mika Baumeister

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